El Complejo Sur del SENA fue escenario de un encuentro que puso en el centro una pregunta urgente: ¿cómo garantizar el alimento en Colombia sin perder su origen, su cultura y sus saberes?
El Simposio de Soberanía, Seguridad y Abastecimiento Alimentario, liderado por la Coordinadora Distrital de Plazas de Mercado y con el apoyo del SENA, reunió voces diversas alrededor de un mismo propósito: defender el alimento como un derecho.
A lo largo de la jornada, las historias tomaron la palabra. Campesinos, vivanderos y organizaciones compartieron experiencias que evidencian las luchas cotidianas por una alimentación digna y por la protección del agro colombiano. “Debemos proteger nuestra primera fuente de abastecimiento”, resonó como un mensaje común.
En medio de este diálogo, el SENA presentó su oferta de certificación, una herramienta para reconocer formalmente los saberes construidos en la experiencia. Este proceso permite que quienes trabajan en plazas de mercado y en el campo validen sus conocimientos, amplíen sus oportunidades laborales y fortalezcan su papel dentro del sistema de abastecimiento del país.
Las plazas de mercado aparecieron no solo como lugares de intercambio comercial, sino como espacios que resguardan memoria, identidad y comunidad. La preocupación es clara: transformarlas sin despojarlas de lo que las hace únicas. No se trata de modernizarlas a costa de su esencia, sino de cuidarlas como territorios vivos.
La conversación también miró hacia adelante. Iniciativas como huertas comunitarias, redes agroecológicas y proyectos en torno a semillas, residuos orgánicos y el reino fungi mostraron que es posible construir soberanía alimentaria desde lo local, generando comunidad, protegiendo el entorno y recuperando conocimientos ancestrales.
En ese camino, surgió otro debate clave: la transformación del modelo productivo. Se habló de la necesidad de avanzar en la reforma agraria, de garantizar el acceso a la tierra y de fortalecer economías solidarias como el cooperativismo.
El cierre del encuentro reunió voces nacionales e internacionales que coincidieron en un mismo llamado: proteger las plazas de mercado sin cambiarles el alma. “Queremos que las arreglen, pero no que les cambien el alma”, fue una frase que condensó el sentir colectivo.
El alimento fue el punto de encuentro: campesinos, vivanderos y organizaciones compartieron sus saberes en un espacio acompañado por el SENA.