El cuidado de personas con dependencia funcional, una labor que durante años se ha desarrollado en el ámbito familiar, comienza a recibir reconocimiento formal a través de la Certificación de Competencias Laborales del Servicio Nacional de Aprendizaje (SENA). Este proceso valida habilidades construidas en la práctica cotidiana y abre oportunidades de formación y empleo para quienes han dedicado su vida al cuidado.
La certificación se realiza bajo la norma sectorial NSCL 230101296, que reconoce competencias relacionadas con actividades básicas de la vida diaria, acompañamiento emocional y protocolos de cuidado, permitiendo que conocimientos adquiridos en la práctica se conviertan en una acreditación formal.
Para muchas cuidadoras, este reconocimiento significa que una labor que antes permanecía en silencio ahora tiene valor profesional. Diana Garzón, cuidadora certificada, lo expresa así: “me siento muy feliz de que una entidad como el SENA nos tenga en cuenta. Nos hace sentir visibles ante la sociedad y demuestra que nuestro trabajo también es importante”.
Aprender desde la experiencia
Muchas personas llegan al cuidado cuando un familiar adquiere una condición de discapacidad o dependencia. Desde el Centro de Talento Humano en Salud, la instructora Mary Luz Corredor explica que uno de los principales retos ha sido transformar ese aprendizaje cotidiano en conocimiento técnico.
“Muchas personas llegan a ser cuidadoras porque un familiar adquiere una condición de discapacidad y su vida cambia. Nuestro trabajo es acompañar ese conocimiento que ya tienen y fortalecerlo con herramientas para cuidar de manera adecuada”, señaló.
A lo largo de este proceso también se han impulsado acciones en territorio mediante eventos, mesas de trabajo y talleres de habilidades blandas. En estos espacios, cuidadoras, cuidadores y expertos del sector han aportado su experiencia y conocimiento para la construcción de normas de competencia laboral relacionadas con el cuidado de personas mayores, personas con discapacidad y asistentes personales de personas con discapacidad.
Este proceso también se articula con la Ley 2297 de 2023, que promueve el reconocimiento y la formación de quienes ejercen el cuidado en el país. Para Ana Patricia Delgado, gestora regional, estas certificaciones representan un avance para visibilizar esta labor: “reconocer a las cuidadoras y cuidadores es dignificar un trabajo esencial y abrir oportunidades de formación y desarrollo para quienes dedican su vida al cuidado”.
Este proceso reafirma el compromiso institucional con la formación, el reconocimiento del saber empírico y la dignificación de quienes ejercen el cuidado, fortaleciendo oportunidades de desarrollo para las personas cuidadoras y sus comunidades.