En un acto de solidaridad y esperanza, el SENA Regional Arauca protagonizó una jornada inolvidable llamada ‘Un pan, una sonrisa’, en la que 1.500 panes frescos y jugo de maracuyá fueron entregados a la comunidad del asentamiento Nuevo Fortul.
Más que una simple donación, esta iniciativa representó el resultado del esfuerzo, talento y compromiso social de los aprendices del programa Operario en Procesos de Panadería, quienes guiados por sus instructores no solo pusieron en práctica sus técnicas, sino que vivieron una experiencia que trascendió el aula, fortaleciendo valores como la empatía, el servicio y la responsabilidad social.
Durante la jornada, Néstor Figueroa Cardona, subdirector de centro y Jenny Andrea Sánchez, coordinadora académica participaron activamente en la entrega de los refrigerios, mostrando así el compromiso institucional con una formación de calidad que responde a las necesidades de la región y genera sentido de pertenencia institucional. “Estas actividades reflejan el compromiso diario del SENA con la comunidad, generan sentido de pertenencia y contribuyen a transformar vidas a través del aprendizaje,” resaltó el directivo.
Todo el proceso estuvo guiado por el instructor Julio Macualo y el especialista en masa madre Gildardo Serna, quienes no solo orientaron la técnica sino también fomentaron la importancia del trabajo colaborativo y la atención a la comunidad.
El éxito de ‘Un pan, una sonrisa’ fue posible gracias al trabajo en equipo, la pasión de los aprendices y la colaboración con la gestora social del municipio, Nancy Beltrán, que permitió llegar directamente a quienes más lo necesitan, potenciando la articulación interinstitucional y el impacto social.
Con esta iniciativa, el SENA Regional Arauca demuestra que su misión va más allá de la enseñanza: es una apuesta por transformar comunidades, alimentar sueños y construir futuros llenos de oportunidades y esperanza.