En el Centro Metalmecánico de la Regional Distrito Capital, la Agrotrónica se ha convertido en un escenario de experimentación y crecimiento. Lo que inició como un pequeño invernadero improvisado hoy es un laboratorio donde los aprendices aprenden agricultura de precisión, automatización y energías renovables. “Nuestros aprendices fueron pioneros en esta construcción. Ellos sentaron las bases de un modelo de formación que integra paneles solares, riego automatizado y análisis de suelos”, afirma el instructor José Alirio Araque.
Entre quienes impulsaron ese crecimiento estuvo Ivon Fernanda Morales, aprendiz del técnico y líder del invernadero durante su proceso formativo. Aunque hoy ya no está vinculada al centro de formación, su papel fue fundamental para consolidar la estructura y los sistemas de germinación, riego y experimentación de semillas. Para Ivon, este espacio demostró que la tecnología puede transformar el agro: “La innovación nos permite fortalecer lo que el campo ya sabe hacer”, solía decir al explicar sus experimentos con maíz morado y café.
A varios kilómetros de allí, el Centro de Diseño y Metrología, cuya sede está en Bogotá, lleva la formación directamente a las veredas de la localidad de Usme. Sus instructores se desplazan a las zonas altas para impartir Agrotrónica en aulas rurales donde conviven cuadernos, sensores y herramientas tradicionales. “El SENA llegó hasta aquí para enseñarnos nuevas maneras de cultivar sin dejar atrás lo que somos”, asegura la aprendiz Cecilia Rodríguez.
Las experiencias en Usme reflejan cómo la formación puede transformar la vida cotidiana del campesinado. Para Luisa Palacios, aprender nuevas prácticas de cultivo ha sido una oportunidad para mejorar la producción familiar. Paola Ortiz destaca que disciplinas como matemáticas y física cobran sentido cuando se aplican en los cultivos. Y otros, como Rodrigo Pulido, valoran la posibilidad de estudiar sin dejar de trabajar, algo que históricamente les había sido imposible.
Con estos dos modelos, un laboratorio tecnificado en la ciudad y una formación en el territorio rural, la Regional Distrito Capital fortalece el alcance de CampeSENA como política pública. Como resume el instructor Fernando Rojas: “Llevar tecnologías 4.0 a la ruralidad no solo mejora la productividad; transforma la vida de las comunidades”. En Bogotá, el desarrollo del campo se escribe así: sembrando conocimiento donde antes no llegaba y uniendo tradición e innovación para asegurar el futuro rural.