En medio de aplausos, sonrisas y lágrimas de orgullo, un grupo de jóvenes culminó su proceso formativo en el programa de Mercadeo y Ventas, del SENA. Esta ceremonia no solo marcó el cierre de una etapa académica, sino también el inicio de una nueva vida para quienes, con esfuerzo y compromiso, decidieron dejar atrás la adversidad y construir un futuro diferente.
Entre las historias que inspiran se encuentra la de Daniela Mejía una joven que, gracias al apoyo del SENA, la Policía Nacional y la Fundación Daniela Zuluaga, logró superar el consumo de estupefacientes y reencontrarse con sus sueños. Daniela descubrió en la educación una oportunidad para creer nuevamente en sí misma y en el poder de transformar su realidad.
“Fui consumidora de drogas, terminé en una vida desordenada, perdí a mi familia y a mi hija, y no podía hablar con ellos. Hasta que llegó un día en el que no quería estar más en la calle; hablé con mi mamá y retomé el rumbo, llegué a la fundación Daniela Zuluaga donde me dieron la oportunidad de conocer al SENA y me siento muy agradecida”, dijo Daniela Mejía.
El programa Jóvenes a lo Bien de la Policía Nacional, junto con la Fundación Daniela Zuluaga y el SENA han permitido que muchos jóvenes, antes inmersos en contextos de vulnerabilidad, encuentren en la formación técnica y humana una herramienta para reconstruir su proyecto de vida.
La labor del SENA no se detiene con la graduación. Desde su compromiso con la formación integral, la empleabilidad y el acompañamiento continuo, la Entidad fortalece autoestima y competencias de estos jóvenes, impulsándolos a convertirse en agentes de cambio en sus comunidades.
Hoy, Daniela Mejía camina con la mirada en alto. Su título es más que un logro académico: es un símbolo de fuerza, fe y renacimiento. Su historia refleja la esencia del SENA, de brindar oportunidades reales que transforman vidas y siembran esperanza.