Cuando Katherine Parra montó su primer gimnasio, no tenía pesas ni máquinas. Tenía un computador, una conexión a internet y una convicción: que el bienestar no depende del tamaño del lugar, sino de la calidad del acompañamiento.
Así nació COLFIT, un emprendimiento que empezó en lo virtual, en medio de rutinas hechas desde casa y asesorías por videollamada. Hoy, gracias al Fondo Emprender del SENA, ese sueño creció, se volvió tangible y abrió sus puertas como un verdadero centro de bienestar en el corazón del Tolima.
“Desde el principio quise que COLFIT fuera un lugar diferente. No se trata solo de entrenar el cuerpo, sino de cuidar la mente, de aprender a alimentarse mejor y de entender que la salud empieza cuando uno decide priorizarse”, cuenta Katherine, quien recibió un capital semilla de 80 millones de pesos del Fondo Emprender para darle forma a su proyecto.
En 2019, cuando muchos gimnasios apostaban por cuerpos moldeados, Katherine apostó por algo más profundo: el bienestar real. Por eso, cada persona que llega a COLFIT encuentra un acompañamiento personalizado, rutinas que respetan su ritmo, asesorías con nutricionistas y apoyo en salud mental.
“Aquí no hay moldes, hay historias, cuerpos reales y procesos humanos”, enfatiza.
Detrás de este espacio también hay oportunidades para entrenadores, contadores, nutricionistas y asistentes administrativos que encontraron en COLFIT una opción laboral y una comunidad de trabajo comprometida con la salud como un derecho, no como un lujo.
Lo que comenzó en silencio, entre pantallas y llamadas, hoy vibra con risas, esfuerzo, cambios y metas cumplidas. Porque cada rutina es una posibilidad, y cada usuario que se mira al espejo con más confianza es para Katherine, la mejor recompensa.
COLFIT fue posible gracias al trabajo arduo de Katherine que le permitió acceder a 80 millones de pesos del capital semilla de Fondo Emprender. COLFIT es más que un gimnasio, es la prueba de que cuando el emprendimiento se hace con propósito, se pueden transformar vidas desde adentro.