Gracias a los procesos de formación agroindustriales que ofrece el Servicio Nacional de Aprendizaje, Marcela no solo aprendió a transformar productos típicos de su tierra, sino que comprendió que allí, en su comunidad, podía nacer una empresa, una oportunidad y un futuro.
“La gente cree que hay que salir del territorio para progresar. Yo pienso lo contrario. Aquí tenemos lo necesario para vivir bien: una tierra rica, productos valiosos y una cultura viva. Solo falta creer en ello, y eso es lo que intento transmitir”, expresó Marcela.
“Marcela representa lo que queremos lograr con nuestros programas: que los jóvenes vean en su cultura y en su territorio un camino de desarrollo. Su proyecto es inspirador porque no solo busca generar empleo, sino preservar el conocimiento ancestral, valorar los productos típicos y demostrar que el campo también puede ser rentable”, manifestó Ruby Patiño, profesional de emprendimiento y empresarismo del SENA en el Guainía.
Marcela se formó con el SENA.
Hoy, en Caño Bocón, no solo germinan cultivos, también florecen ideas, proyectos y sueños. Marcela Quimbayo es uno de esos brotes nuevos que se alzan con fuerza. Su historia es una semilla que inspira a otras manos jóvenes a cultivar no solo la tierra, sino el porvenir.