Gildardo Segura Gómez es un ejemplo de resiliencia y superación. Años atrás, dirigía una empresa con hasta 25 empleados, tenía almacenes y un apartamento en Bogotá. Sin embargo, el conflicto armado y una enfermedad le arrebataron todo, obligándolo a transformar su vida.
“Me tuve que venir de Bogotá a pique, y llegué acá a Manizales”, cuenta el emprendedor. Desde cero, volvió a levantarse., tras un periodo de reflexión y con el empuje característico de un colombiano, decidió iniciar con un negocio de obleas y maní, lo que no solo le devolvió el rumbo, sino que también logró conectar y endulzar la vida de muchos manizaleños.
“La oblea gusta mucho; es crocante, suave, gruesa y no es insípida”, explica con orgullo sobre el producto que enamora. Entre sabores y texturas, Gildardo ha encontrado no solo sustento y dignidad, sino también un nuevo sentido de vida.
“Primero Dios y después el SENA”, afirma Gildardo, quien reconoce que la Entidad fue clave en el proceso. Le brindó formación, respaldo y las herramientas necesarias para volver a creer en sus sueños y metas. Gracias al Fondo Emprender, que apoya con capital semilla a miles de colombianos, historias como la de Segura se escriben a diario en todo el país. “Esto me hace feliz. Soy consciente de que, detrás del emprendimiento, genero empleo y ayudo a otros”, concluye Gildardo.
Con sus obleas no solo ha salido adelante, también ha empezado a generar empleo local. Actualmente trabaja con varios aliados que apoyan la producción y distribución de su producto. En cada empaque y en cada venta, Gildardo entrega algo más que un dulce: ofrece una historia de lucha, un mensaje de esperanza y un modelo de superación para quienes aún creen que no hay vuelta atrás.