Enrique Gómez llegó al SENA con una inquietud clara: quería que sus esculturas de papel no se quedaran solo en ideas efímeras. Inspirado por la técnica paper craft y animado por un amigo soldador, a sus 60 años decidió aprender a trabajar el metal,
“yo nunca había cogido una pulidora ni una soldadora, pero en el SENA aprendí todo desde cero, y me enamoré del proceso”, cuenta con la emoción de quien redescubre su propósito.
Así nació Kairus, un toro de acero poligonal de 45 kilos que no solo desafía los límites de la soldadura, sino que también encarna la fuerza de una idea hecha con las manos, el corazón y el conocimiento. La figura fue construida a partir de planos digitales adaptados con Pepakura Designer, una herramienta que convierte modelos 3D en piezas ensamblables. Enrique lideró el proyecto con compañeros del Técnico en Soldadura del Centro de Materiales y Ensayos (CME).
“Queríamos hacer una escultura que perdurara en el tiempo. Si el papel se deteriora, ¿por qué no hacerla en metal?”, explica Enrique, mientras relata cómo fue integrar técnicas de MIG/MAG, carpintería metálica y pulido para dar forma a cada ángulo de la pieza. Durante meses, el equipo dedicó sus horas libres y semanas de práctica a soldar, corregir deformaciones por calor y lograr que cada unión fuera, además de funcional, estética.
El toro no fue una elección casual. Representa fuerza, energía y determinación. Su nombre, Kairus, proviene del griego Kairos, y significa “el momento oportuno”.
“Era el ahora, el momento justo para crear algo que hablara por nosotros. Y ese fue Kairus”, resume Enrique, con voz firme y agradecida. No es una obra para quedarse guardada: será donada al centro como símbolo de gratitud y legado.
La entrega oficial se realiza este 4 de junio, en el evento “La magia del metal se revela”, donde los aprendices presentarán proyectos que combinan técnica, sensibilidad y propósito. Kairus, con su imponente estructura y alma artesanal, será una de las piezas centrales, inspirando a quienes lleguen al CME. “Cuando yo entré al SENA, vi una escultura pequeña en la entrada y me impactó. Hoy quiero que otro aprendiz vea Kairus y diga: yo también puedo crear algo así o mejor”, confiesa.
Kairus no es solo una escultura: es la prueba de que la técnica también puede ser arte, y que en cualquier momento de la vida se puede aprender, construir y trascender. Para Enrique, el SENA no solo enseñó a soldar, sino a creer. Porque a veces, el verdadero aprendizaje ocurre cuando alguien nos dice: es tu momento.