Lisinia Collazos Yule es una mujer que cultiva mucho más que café. A sus 57 años, es aprendiz SENA y lideresa del resguardo indígena Nasa Kite Kiwe. Ha demostrado que la fortaleza de una comunidad también puede sembrarse en la tierra y cosecharse en el corazón.
Desplazada por el conflicto armado hace 21 años, llegó al municipio de Timbío junto a 70 familias provenientes de Buenos Aires, Cauca. "Fue muy complejo volver a empezar, no sabíamos que actividad económica desempeñar", recuerda.
En su antiguo territorio la base económica eran la caña, el café y, en algunos casos, los cultivos ilícitos; pero ella quería otra historia. Decidió apostarle al café, sembrando 4.000 árboles de los cuales, por falta de conocimiento del suelo, sobrevivieron 800. Lo que quedó, fue la semilla de un cultivo fuerte y esperanzador. Hoy cuenta con café caturra y borbón rosado, fruto de tierra analizada y cuidado responsable.
El café de la esperanza
Lo que comenzó como un esfuerzo individual se transformó en colectivo. Junto con otras mujeres del territorio, fundó la asociación Kite Kiwe, que en lengua nasa significa "tierra floreciente". Ahora, más de 100 familias se benefician de esta iniciativa que combina tradición, trabajo colaborativo y el aroma de un café con historia.
Inspirada por su esposo y su hermana, quienes se formaron en el SENA, Lisinia decidió iniciar el técnico en Servicios de Barismo para mejorar la calidad de su producto y diversificar sus ingresos. Hoy, se siente orgullosa de haber superado los obstáculos y de aprender algo nuevo cada día.
"Yo me siento muy contenta. Hemos avanzado hasta conocer el corazoncito del café, porque uno solo veía la pepa, pero cuando se abre en el punto perfecto, uno entiende lo hermoso que es este proceso", expresa emocionada.
Durante la pandemia perdió un contrato de comercialización de café con la Unidad de Víctimas, pero no se detuvo. Buscó nuevos aliados y logró vender su producto en Santander de Quilichao. Su constancia es ejemplo de que cuando hay voluntad, las puertas vuelven a abrirse.
"La edad no es impedimento para seguir aprendiendo. Nos vuelve más fuertes y conscientes. Tal vez no tengo la agilidad de una joven, pero tengo la responsabilidad de hacer las cosas bien", afirma.
Su instructora, Ángela Marcela Jiménez, destaca que tiene un gran papel en el grupo de formación "La señora Lisinia ha sido un eje fundamental. Es una líder innata. En la formación utilizamos su propio café como forma de reconocimiento a su historia y esfuerzo".
Gracias a esta formación integral, Lisinia no solo se reconoce como caficultora, sino también como empresaria. Sueña con compartir su conocimiento con su comunidad, empoderar a otras mujeres y seguir transformando su territorio con el ejemplo.
Su café tiene sabor a montaña y esfuerzo, pero también huele a futuro, a comunidad y a esa tierra floreciente que nunca dejó de creer en ella.
Su café tiene sabor a montaña y esfuerzo. Es compartido con los compañeros del técnico en barismo.